[NS/NC] Pasión por la ignorancia

“Poco a poco ha ido revelándoseme cual es el defecto más general de nuestra especie en formación y educación: nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad.” F. Nietzsche, Aforismos

No sabe, no contesta… suele ser una frase socorrida en las encuestas cuando el interrogado no conoce el tema por el que se le demanda o, no quiere comprometerse personalmente con una respuesta. Es también un comentario irónico de algunos maestros cuando, conversando en privado, hacen referencia a alumnos que habitualmente fracasan en sus estudios.

Este trabajo no versará sobre encuestas o tests, sino de las dificultades en el medio escolar que ocasionan trastornos tanto en el docente como en el alumno. Esta relación enseñante-enseñado es riquísima en complejidades; su interrelación, como ya planteara Lacan a propósito de la constitución humana, es circular pero nunca simétrica.

Por razones de pertinencia solo nombraré problemas en el “aprender” centrándome en los enseñados. Su “pasión por la ignorancia” trae un sinnúmero de problemas en las consultas de pediatría, pedagogía o reeducación. Finalmente los padres solicitan la consulta psicoanalítica cuando el niño ya ha perdido el curso escolar. A estas alturas del curso solo Lourdes puede ayudar al niño, y en ese lugar de milagro (supuesto saber inmodificable) percibimos que nos colocan.

Pichón Riviere comenzó a trabajar desde los inicios de los años 50 con la idea de una imbricación entre la enseñanza y el aprendizaje, denominando a esta condensación nueva y diferente, enseñaje. Con la riqueza y creatividad que poseía, redefinía así los conceptos kleinianos del deseo de saber.

El niño intenta apoderarse de una madre llena de riquezas y plena, como la diosa Cibeles, la “madre supuestamente plena”. Trata de arrebatarle lo que posee y envidiosamente se coloca-lo colocan, aunque sea por momentos, en ese lugar de completud. La omnipotencia de su “majestad el bebé” no tiene una vida larga ni un futuro saludable, por que pronto descubrirá que hay un más allá de la madre. Si ésta desea a otro, no solo a su niño, es la señal de que le falta algo que su hijo no puede colmar. El sujeto que reniega del saber sobre la falta de la madre, queda predispuesto a lo que Freud designa como fijaciones en la perversión polimorfa infantil. Este “no querer saber”, como veremos más adelante, está íntimamente relacionado con el “no querer saber educativo”.

Cuando el niño rompe, desarma o destripa un juguete o un insecto, sus pulsiones de dominio y escópicas son sublimadas para investigar, curiosear, reorganizar e incorporar algo de lo que él ha fragmentado. Las angustias arcaicas de fragmentación son elaboradas a través de estos elementos que el niño, con verdadera pasión, investiga y aprende de los objetos. También “sin saberlo” sabe de él como sujeto.

Pichón retoma estos conceptos y plantea que es imposible desear aprender, sin antes haber pasado por una situación de carencia, de falta, de castración. Solo desde allí, el alumno en este caso, podrá anhelar lo que él supone que posee totalmente su educador. Lo importante es que el maestro no se instale en ese lugar de supuesto saber que el niño le demanda.

Hay similitudes entre el comienzo de un proceso educativo y el comienzo de un psicoanálisis, en cuanto es imprescindible que se instale la transferencia, es decir atribuirle al otro un saber necesario, para que ambos procesos se inicien.

El educador da información, saberes. Pero justamente porque él se sabe, o debería saberlo, que no es completo ni perfecto, lo hace desde una posición que abre nuevas preguntas o caminos de investigación en sus alumnos. Lamentablemente es frecuente la actitud del profesor como goce, que consiste en la satisfacción narcisista de su tarea, buscando su reflejo especular con sus discípulos.

En el proceso de la transmisión, de conceptos, cuidados o de pautas culturales, los procesos inconscientes, fantasías y deseos, están siempre presentes aunque no se sepa de ellos.

Los padres con sus cuidados y los educadores con su enseñanza, tienen una fuerte raíz compartida, el deber simbólico de una tradición filiatoria. Ambos con sus diferencias transmiten una historia. Para constituirse como sujeto el niño debe apropiarse de su pasado que le es legado. No es casual al respecto la cantidad de preguntas que hace el niño sobre sus orígenes y el agrado que muestra por los cuentos, ya que muchos de ellos abordan simbólicamente el tema de la genealogía familiar.

El psicoanálisis aporta a la educación una teoría diferente a las de adecuación y adaptación al entorno o capacidades genéticas y naturales. Sin duda son muy importantes, pero constituyen el objeto de estudio y tratamiento de otras disciplinas.

El psicoanálisis en la educación propicia contemplar el saber como efecto de la transmisión de marcas simbólicas que estructuran al sujeto. Saber que estará en estrecha interdependencia con los conocimientos que el ser humano pueda o no adquirir. Desde este punto de vista, un niño con fracaso escolar debe ser considerado como un síntoma, que como tal, muestra y oculta una serie de inhibiciones y conflictos que impiden el despliegue de la pulsión de saber.

ImagenSi bien este síntoma puede expresarse en un área específica del aprendizaje (discalculia, dislexia o disortografía), cuando no obedece a trastornos neurológicos demostrados, es una particular manera de manifestar que algo del sujeto está fallando, y no solo que el niño-alumno es vago, perezoso o siempre se le dan mal las matemáticas.

Si solo se aborda al niño por reeducación en cada una de estas áreas por separado, no se hace sino tapar o anestesiar algo de su verdad que intenta expresar mediante su síntoma de fracaso escolar. Esto no excluye el trabajo de refuerzo educativo, pero no en el lugar del análisis sino además del tratamiento.

La psicopatología recoge los significantes de cada contexto social, con sus características económicas y políticas, le que ha llevado a diagnósticos que cambian de máscaras pero no de estructura. En este devenir clínico podríamos incluir desde los ataques convulsivos y parálisis descritos por Charcot, hasta los hoy en día tristemente frecuentes trastornos de anorexia y graves fracasos escolares, como nuevas máscaras o rótulos del malestar del sujeto.

El bloqueo en el aprendizaje puede ser una manera que tiene el niño o el joven de oponerse a una presión social imperiosa de éxito e inmediatez, propia de la segunda mitad del siglo XX. Muestran justamente con su síntoma que hay toda una población plena de triunfos aparentes, y no están deseosos de un saber aprender sino que están anhelando colmar y cerrar cualquier pregunta que se les plantea.

“Siempre me ha impresionado imaginarme al primer hombre que avanzó hacia el fondo de la cueva para dibujar un signo a través del cual quería preguntar por algo que no tenía respuesta. Desde esta perspectiva, quizás podamos hallar una alternativa a algunas de las definiciones de hombre que se han dado a lo largo de la historia de la cultura, si partimos de la base de que la verdadera ruptura ontológica se produce en el momento que el hombre se hace preguntas sin respuesta. (…) En este caso, todo intento del hombre por conocer arrancaría del instante en que surge la cuestión del enigma.” Rafael Argullol, “El laberinto invisible”

Para Lacan la posibilidad de saber está relacionada con la renuncia a la erudición. Es desde este vaciamiento, además de los dolorosos procesos desidentificatorios, donde el saber se formula como algo nuevo que el sujeto teme conocer. Es la única manera para que la erudición repetitiva ceda lugar a nuevas simbolizaciones y metaforizaciones creativas.

Lacan diferencia radicalmente el conocimiento que es un saber adquirido lógico, cuya significación es sistematizada y fijada, y otro saber que no se sabe, el del inconsciente, propio del sujeto dividido en su constitución que se pregunta por sus historias y enigmas que ya le pertenecen, pero él desconoce.

Teniendo en cuenta estos aspectos, fracasar en los estudios para el psicoanálisis es poder escuchar algo más, reabre la pregunta qué soy para mis padres más allá de una buena nota, qué quieren de mí más allá de un buen trabajo. Es la pregunta por el deseo de los padres lo que se pone en juego para el niño. A veces lamentablemente parece que el único reconocimiento u organización narcisista pasa por el triunfo y las calificaciones más altas, formando de esta manera el pedestal del falo imaginario.

Escuchamos con frecuencia reproches de padres que dicen “no llegarás a nada, no serás nadie” o “ya te veo dentro de unos años limpiando calles o pidiendo limosna”. Se instalan además para estos niños temores subyacentes, no poder convertirse en el ideal de los padres y por lo tanto no ser amado por ellos.

Un adolescente de 13 años que atiendo, le respondió a su padre ante sus pronósticos descalificatorios “vale seré barrendero, pero cuando limpie este barrio no sacaré la mierda de tu casa”. A la amenaza de ser un desecho, se responde con otro excremento. Cuantas veces hemos observado en la consulta que lo que se busca en realidad con estas elecciones profesionales, que asustan y cuestionan a los padres, es la búsqueda de un lugar diferente al parental.

Otra manera de estudiar los procesos de bloqueo en el aprendizaje es referirlo a los conflictos entre las instancias Yo Ideal (la constitución a partir del otro), el Ideal del Yo (heredero del anterior, los modelos) y el Superyo (normas e interdicciones).

El niño puede intentar resolver estos conflictos mediante la formación transaccional, lo que lleva a inhibiciones en el deseo de saber. Desde dificultades leves disimuladas por un tratamiento reeducativo hasta una verdadera pasión por la ignorancia, el no sabe no contesta, lo transforma en un sujeto aletargado, dormido frente a los interrogantes de la vida y predispuesto a patologías graves. No es casual que en la clínica muchos jóvenes con problemas de toxicomanías hayan tenido antecedentes de reiterados fracasos escolares.

Justamente por el ejemplo anterior, debemos tener en cuenta que en los diagnósticos psicopatológicos es prioritario el concepto de estructura y no de síntoma.

Por las mismas razones estructurales, es imprescindible estudiar las maneras diferentes en las que la inhibición a aprender se presenta y se desarrolla en la neurosis y en la psicosis. En las primeras el bloqueo del aprendizaje esta relacionado con mantener la interdicción del saber como una forma de protegerse de la angustia que ocasiona saber de la falta constitutiva, de la castración. En las psicosis en cambio, la inhibición se debe a la imposibilidad de integrar el saber, provocada por un defecto grave en los comienzos de la estructuración del sujeto.

En las inhibiciones neuróticas, el niño se protege de esta manera para evitar la angustia y se mantiene en una situación de cautividad gozosa, donde él como “objeto a” no pudo separarse y acceder a los circuitos simbólicos. Para que el niño despliegue una pasión por el saber, deberá realizar un recorrido donde el “objeto a” pueda metaforizarse, desde la necesidad al deseo, pasando por el fantasma y acercándose al “menos fi de la castración”. En este recorrido, no sin dolor, hay una progresiva transformación del objeto y una consolidación de las capacidades sublimatorias.

En los tratamientos psicoanalíticos se trata de despejar cual es el objeto que está en el origen del deseo de saber. Éste será el hilo conductor, a pesar de los disfraces secundarios construidos a partir de él.

Las identificaciones del niño (pirata, bombero, maestra…) y más tarde del joven (roquero, bailarina, actor…), permiten la imaginarización de fantasías arcaicas que vehiculizan las pulsiones de comer/ser comido, destruir/ser destruido, penetrar/ser penetrado, exhibicionismo/voyeurismo, sadismo/masoquismo, etc. Pueden encontrar una franca oposición en la familia al no coincidir con los deseos e ideales de los padres y, particularmente, al no comprender lo que esconden, muestran y permiten elaborar estos personajes. Las pautas educativas de los padres que se ejercen de una manera coercitiva o seductora “para que los hijos no se descarrilen”, al final pueden ser una manera eficaz de impedir el advenimiento de un sujeto con sus plenos derechos, deseos y responsabilidades.

Cuando los tutores demandan a un niño “te quedarás sentado hasta que aprendas”, ignoran que el saber se porta por un deseo y por lo tanto no se puede imponer. Tan absurdo como decir, aunque algunos lo intentan, no te muevas hasta que me desees.

En algunos padres la presión de la demanda, por sus propias vocaciones e ideales no cumplidos, puede llegar a anular totalmente la pulsión epistemofílica de sus hijos. En la clínica observamos manifestaciones de apatía, falta de interés en los estudios, como una manera de protegerse de ser devorados en los proyectos no realizados de sus padres. Así como la madre que atiborra de comida a su hijo puede producirle que este cierre su boca y desarrolle una anorexia, en los casos anteriores parece que el sujeto cierra la cabeza para colocar un muro de protección frente al deseo intrusivo de los padres.

Freud habla de la pulsión epistemofílica que surge no por la constitución genética, sino por el intento del hombre de dar respuestas sobre sus orígenes. El adulto introduce en el niño las primeras posibilidades de fantasear y el deseo de saber. Esta intervención estará siempre acompañada por una violencia simbólica resultado “de la inoculación de los significantes en lo real del cuerpo” (Lacan).

“Los mitos colectivos intentan aportar una representación de los enigmas del sujeto, escenifican mentalmente el origen de una historia que se le aparece al hombre como una realidad de tal naturaleza que exige una explicación, una teoría. En la escena originaria, se representa el origen del sujeto. En los fantasmas de seducción, el origen de la sexualidad. En los fantasmas de castración, el origen de la diferencia de los sexos.” Laplanche y Pontalis

Estas explicaciones que se dan al niño serán teorizadas por él, desde el andamiaje que tiene a su disposición en cada momento de su vida: oralidad, analidad, fálico y genitalidad.

Un niño que explora su cuerpo y su entorno intenta dominarlo, apropiarse de él, ser su dueño. Surgen momentos, miradas llenas de interrogación y después miles de preguntas para las cuales no hay respuestas totalmente adecuadas, “¿por qué? ¿por qué?…”. ¿Qué hay mas allá de esas preguntas? El comentario de los padres tranquiliza momentáneamente, pero es solo el reinicio de otra serie de preguntas. El juego con sus exploraciones, rupturas, desarmes y reconstrucciones, es un intento de descubrir plásticamente las causas últimas que originaron este objeto-sujeto. La función del padre más allá de la madre es la que asegura esa apertura y deslizamiento metonímico.

No trataré en este trabajo las serias y graves dificultades en el aprendizaje que presentan niños psicóticos, requieren un abordaje terapéutico especial, o con enfermedades neurológicas, genéticas etc. Así como el estudio de los problemas en el aprendizaje ocasionados por graves carencias económicas y culturales, lamentablemente frecuentes en nuestros días.

Sin embargo quisiera destacar que en los servicios clínicos que asisten a esta población sin recursos económicos, se suele descalificar rápidamente la posibilidad de un tratamiento analítico. Mi experiencia es que es posible trabajar psicoanalíticamente si se tienen en cuenta las condiciones biológicas y materiales de cada sujeto y en cada contexto. Siempre debemos tener presente la imbricación de lo cultural-social con la manera representacional en que ha subjetivado cada niño su historia familiar.

Los resumidos ejemplos que describo a continuación, presentan manifestaciones clínicas por inhibición en la pulsión epistemofílica.

Pulsiones y sus defensas. Una niña de 10 años a la que llamaré Victoria, fue traída por sus padres porqué después de varios años de escolaridad normal ha comenzado con problemas serios en su rendimiento intelectual. Estudia mucho antes de las evaluaciones pero luego no recuerda nada, “me quedo en blanco, me mareo, quisiera desaparecer, irme al centro de la tierra, me da mucha vergüenza y solo pienso en volver a mi casa”.

Parecerían rasgos histéricos y una gran exigencia para luego “no saber nada”. De otra ignorancia se trata. Uno de los aspectos que trabajamos fue su intenso deseo de mostrarse, lucirse, exhibirse… inmediatamente censurado y transmutado en deseo de no aparecer y refugiarse regresivamente en su casa. Para ella ver/ser vista, mostrar/ser mostrada, implica algo más arriesgado que su fracaso escolar. Una manera neurótica de “resolverlo” es dejar congelada su problemática pre-puberal y la reactivación edípica consiguiente.

Auto punición o el riesgo del acceso al mundo laboral y posibles éxitos. Luis de 8 años es descrito como “siempre respetuoso y con muchos amigos en la escuela”. Después de iniciar normalmente el tercer curso presenta dificultades en el aprendizaje. “Está en la luna, como si pensara en otras cosas”, dicen los padres. Si le reprochan en el colegio dice “que no es culpa suya olvidarse sus trabajos”.

En una época del tratamiento apareció un material que fue muy esclarecedor. Va a un colegio bilingüe y habla con la madre una lengua que el padre conoce escasamente. “Me han regalado un ordenador y hago muchos juegos. Mi padre me dice que en su época no tenía ni calculadora. Él está ahora más tiempo en casa, antes viajaba mucho en avión y tenía empleados a su cargo. Actualmente tiene un jefe muy joven.” Un tiempo después me informa que hubo un cambio en la función del padre por reestructuración en la empresa, y al no tener un gran currículum ni conocimientos de otros idiomas lo descendieron de categoría.

Probablemente esta escena actual y extra-familiar, movilizó en Luis sus deseos edípicos de superar, vencer y matar a su padre, con la consiguiente culpa por sus deseos parricidas e incestuosos que “hay que ignorar”. No es ajeno a esto él diálogo con la madre en una lengua que excluía al padre.

Dificultades en el trabajo de duelo o situaciones traumáticas. María fue traída a mi consulta cuando comenzaba primero de EGB. Los educadores le habían hecho pruebas psicológicas y tests intelectuales. Padecía una deficiencia mental leve. Con 6 años, es una niña que se mueve constantemente, salta, baila en la sesión, imita a profesores de gimnasia de TV. Se dibuja siempre con una amiga muy querida “rubia, muy guapa y con el pelo muy bonito y largo”.

Sus padres son adoptivos, muy cristianos, y pensaron que “tenían que hacer el bien y recoger a esta niña de un mundo terrible donde vivía”. Su madre biológica ejercía la prostitución y murió de sida cuando Maria tenía 4 años. Los otros hermanos mayores, varones, fueron distribuidos en casas tuteladas y ella en la de su abuela materna, quien decía que era muy mayor para cuidarla. Allí estuvo un año hasta la adopción. No se conoce al padre de los niños.

María me comenta que no tiene ningún problema y no quiere venir a mi consulta, “lo único es que voy mal en el cole y nada más”. Cualquier intento, con delicadeza, de abordar algo de su material inconsciente es profundamente rechazado. La sesión se convertía amenazadoramente en un lugar donde reaparecían recuerdos no tan lejanos de su historia. Mejor era disociar y negar maníacamente, aunque el precio fuera parecer una niña tonta. Después de un tiempo de intervenir sobre sus miedos y resistencias, y ser testigo silencioso de cantos, destrezas corporales y gimnásticas, comenzó a recordar y a hablar de su madre.

Al principio era como un hada protectora, bella y de cabellera larga rubia, como la niña-amiga que dibujaba en las primeras sesiones. Fue necesario un tiempo de verbalización y elaboración, para poder enfrentarse con esa otra imagen materna, desnutrida, destruida y finalmente en un estado cadavérico antes de su muerte. Creo que si María no hacía un trabajo de duelo y confrontaba su precario y vulnerable narcisismo con sus actuales ideales, le iba a ser imposible recomenzar una nueva y más esperanzadora vida.

Hay también otras situaciones donde aparentemente no están obstaculizados los procesos de aprendizaje a pesar de existir trastornos emocionales. Nunca se solicita una consulta psicológica por ellos, con la excepción de algunos padres que perciben el malestar psíquico de su hijo más allá de las buenas notas. Son niños o adolescentes con calificaciones brillantes y una carrera escolar llena de éxitos. Pero en algún momento especial (exámenes, cambio de compañeros o de institución, evaluaciones para optar a un trabajo muy solicitado, etc.) se derrumban los artificios previos y aparece algún trastorno psíquico que ahora motiva una consulta. Hasta ese momento el niño o joven había adquirido enormes cantidades de información y conocimiento, incluso parece poseer gran inteligencia. Es un candidato de lo que Lacan plantea como un sujeto inmerso en el discurso del amo y su variación el discurso universitario.

Lacan plantea además como concepto fundamental, que si el niño se dedica únicamente a satisfacer la demanda del otro puede quedar atrapado para siempre en esta posición de objeto, y solo cuando perciba las incertidumbres y la castración del otro podrá liberarse y constituirse como ser de deseo. Como comentaba al comienzo de este trabajo, la madre a la que le falta algo y por eso desea más allá de su hijo o el maestro que puede presentarse ante sus alumnos como incompleto, faltante y por eso mismo deseante.

Para poder desear hay que pasar por la castración, para aprender hay que desear, para poder aprender hay que soportar la castración.

Si insisto en este aspecto es para cuestionar un abordaje terapéutico, a partir de ciertas concepciones teóricas, donde hay un sujeto tranquilamente unificado, aséptico, autónomo en sus funciones y supuesto dueño de sí mismo. Éste es el sujeto del conocimiento, de la filosofía clásica y de la psicología de la conducta. Es diferente al sujeto dividido y determinado por su inconsciente que estudia y trata el psicoanálisis. La reeducación que se utiliza en estos tratamientos es utilizada para que no desnude los conflictos subyacentes y cuestione la relación de los padres con sus hijos.

Cuando un niño o joven nos dice, “es que no me entero”, “es más fuerte que yo”, “estos suspensos no son por mi culpa”, etc., nos está hablando de él como sujeto que desconoce y está subordinado a otras escenas, las del inconsciente.

Etimológicamente inteligencia viene del latín “legere”, elegir. Lacan agrega “interlegere”, leer entre líneas y no solo la cuantificación de un coeficiente.

Una representación mental llama a otra y a otra, pero luego es necesario clasificar los datos, elegir y organizar a través de analogías y diferencias. Los significantes no elegidos no mueren, duermen bajo la represión y a la espera de intervenir cuando las condiciones nuevas lo requieran. Desde el nacimiento debemos apropiarnos de un cuerpo y palabras que nos son dadas pero que aun no nos pertenecen. Es necesario una nueva acción psíquica para transformarnos en conquistadores activos de esta riqueza interior.

A pesar de su indefensión e incapacidad motriz, el niño debe “ex-sistir”, desprenderse del otro que lo atrapa en su deseo. Aprender es entonces tolerar ese lugar “ex”, y desde aquí preguntarnos sobre la vida y la muerte, significar aunque con máscaras lo real que nos rodea.

Freud relacionó la pasión de saber e investigar con la pulsión de vida. Y podríamos agregar apoyándonos en Lacan, que este afán de no saber, presente en tantos hombres, esa pasión en la ignorancia, es gozar plenamente pero al precio de no “ex-sistir”, y por lo tanto una de las tramposas manifestaciones de la pulsión de muerte.

Hegel plantea un doble nacimiento. El del parto donde solo somos hijos biológicos de la naturaleza, y un segundo nacer con las posibilidades que lo natural devenga a través de la educación en cultura. Concepto relacionado con el freudiano de la transformación de un cuerpo de la necesidad en sujeto del deseo.

Acompañemos pues a nuestros analizantes cualquiera que sea su edad, a perder el miedo a saber y a recrear nuevos objetos, que aunque imaginarios, permiten los desplazamientos y sustituciones metafóricas de ese primer objeto, aquel que permitió nuestra constitución y al que anhelaremos siempre.

Bibliografía

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