¿Y el Rey negro cómo se llama?
Los padres de Gastón me consultan porque este niño de 5 años tiene problemas en su colegio, especialmente con algunos compañeros. Ha vuelto a hacerse pis y se mete los dedos en la boca continuamente. Su lenguaje también ha sufrido los efectos de una desorganización y habla como un niño más pequeño.
Previamente tengo unas entrevistas con los padres. Él es un hombre joven de raza negra, trabaja en la limpieza de una fábrica, y la madre, quince años mayor que su compañero, es de raza blanca.
Me comentan que su amor fue suficiente para vencer ciertos prejuicios familiares y que no pensaban que su hijo, fruto de este cariño, pudiera tener problemas sociales en un país tolerante como España.
A pesar de la disposición integradora de la maestra, hay varios niños que se burlan de las características físicas de Gastón. Sus rasgos genéticos dominantes muestran una diferencia que a algunos niños les resulta difícil aceptar y tolerar. El espejo social que representa el parvulario, muestra una grieta heterogénea que se expresa como una bofetada burlona y despectiva.
Frente a esta actitud de hostilidad, el padre de Gastón le explica que su raza es superior a la blanca. Es el grupo humano más cercano a los orígenes del hombre, deben luchar con orgullo para no dejarse dominar por el hombre blanco, especialmente el europeo explotador de África.
La historia se repite lamentablemente cuando no se pueden superar las contradicciones que, aparentemente en aras de la bondad o de la seudo tolerancia, se reprimen inadecuadamente y producen sus síntomas. En este caso, la conducta regresiva de un niño que prefiere volver a sus orígenes étnicos de negra pureza. El racismo reactivo es la otra cara de la misma moneda.
Es necesario continuar las entrevistas con la pareja donde reaparecen antiguas dificultades. Las fantasías de él de ascender de clase social por su matrimonio con una mujer europea cristiana y blanca; y las de ella, de una relación erótica apasionada con un hombre más joven, así como su temor de no poder relacionarse ya, por su edad, con un hombre de su grupo racial. Momentos de dolor y angustia, tolerados por un amor sincero que les permitió enfrentarse a oposiciones familiares de ambas partes.
El título de este artículo se debe a que Gastón, que asistió durante un tiempo a sesiones de psicoanálisis, oscilaba entre sentirse omnipotente y fuerte a los niños blancos y triste por percibirse distinto a ellos y especialmente frente a su despreciando madre amada, cuyos rasgos y color de piel le hacían sentirse hijo de otra mamá, “ mi mamá quizás es mi tía (hermana del padre), pero como tiene muchos niños no me puede criar”.
En épocas navideñas los dibujos sobre belenes son frecuentes en los niños. Lo curioso es que él dibujaba a los Reyes Magos y cantaba el villancico “ya vienen los Reyes, Mechor y Gaspar, les sigue un negrito, a quien todos llaman…”, y me miraba siempre, “¿cómo se llama el Rey negro?”.
En este lapsus-olvido reaparecía parte de su conflicto racial. Esta vez con el redespertar de los prejuicios sociales y escolares.
Gastón, como muchos niños mestizos, simboliza la promesa interracial del amor y el encuentro de diferentes culturas. Pero estos niños también muestran las dificultades de los pactos e intercambios de etnias o razas que deben dejar su lugar de origen. Esto implica ciertas renuncias penosas, con la condición de poder inscribirse, con los derechos pertinentes, en otro orden cultural diferente que se ha elegido como una nueva tierra.
Este artículo también apareció en “Diván el Terrible”, publicación española de psicoanálisis y sociedad en la que soy miembro del consejo de redacción.