La cura en psicoanálisis

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Conocidos por todos es la cita de Freud: que el psicoanalista no se deje tentar por el “furor curandis” que se refiere a los abusos médicos en cuanto a solo atender la sintomatología del paciente, descuidando los aspectos humanos y estructurales de la persona que consulta.

A eso se refiere cuando apunta que el psicoanálisis debe omitir la rapidez y eficacia inmediata, si solo atiende las quejas y detenerse en la demanda de la consulta.

Lo que Freud nunca dijo es que el psicoanálisis fuera solo un método de investigación. Este solo tendría importancia dentro de un marco clínico donde la curación estuviera como otro de los pilares del psicoanálisis.

De la misma manera cuando Jaques Lacan apunta: El psicoanálisis no es una psicoterapia, agrega “como las demás”, es decir no olvidando el factor princeps que es una dirección de la cura donde el descubrimiento de la verdad del sujeto vaya acompañado de un cambio en su posición subjetiva y una disminución o desaparición sintomática.

Es cierto que el pedido inicial a un psicoanalista suele ser el sufrimiento y el padecimiento sintomático, pero ese debut, a veces nos permite a través de las entrevistas preliminares, estar atentos a la aparición de las formaciones del inconsciente: un sueño, un acto fallido, una repetición significante, que permitan que el “paciente” se pregunte por “algo mas” que su dolor y su queja.

Esta pregunta por la causa de su malestar, la inclusión del analista en esta interrogación, y estar permeable a un descubrimiento de motivaciones desconocidas facilitan e inician un proceso psicoanalítico donde los “psicoterapéutico” no nos hace sombra sino que acompaña la dirección de la cura.

Para Freud las “entrevistas preliminares” recibieron el nombre de “tratamiento de ensayo” justamente porque allí se ponía en juego su metáfora de una partida de ajedrez, donde si bien se sabía los inicios y percibían los finales, se desconocían los múltiples caminos del tratamiento.

Juan es un hombre de 35 años derivado por su hermana, psicoanalista, quien le recomienda que “haga una consulta” ya que después de un nombramiento jerárquico en su empresa, presenta un insomnio pertinaz. El cumple con la sugerencia de su hermana, pero percibo que es muy difícil que establezca una transferencia que le permita cierta apertura del inconsciente. Incluso indirectamente, ya que es un hermano obediente, me sugiere la conveniencia de una prescripción psicofarmacológica.

Asiste a tres entrevistas donde habla del agobio que le significa este nuevo rol laboral e inmediatamente habla del agobio que ha percibido de su madre desde que era pequeño. Así como las responsabilidades en su grupo familiar actual. Creo que “cumplió” con una buena asociación.

Su sintomatología “milagrosamente” desaparece, se podría decir que hubo alguna conexión entre su hermana y mi lugar, pero no hay ningún cuestionamiento que lo saque de ese lugar de víctima del Otro, y es probable que las modalidades de su goce se mantengan pétreas pero con otros disfraces.

A pesar de la presencia de analista no hay efectos de transferencia.

Si esta no se establece el sujeto supuesto saber no aparece y tampoco la posibilidad que algo del inconsciente pueda expresarse.

Creo muy adecuado insistir en “el tratamiento de prueba” y manteniendo ese lugar de analista que nos convoca, observar si el padecimiento nos permite efectuar algún tipo de pregunta que permita cierto esbozo de apertura.

Sin embargo y a pesar de nuestra omnipotencia frecuente es del lado del paciente quien debe empujar para que pueda ser posible el análisis, dice Lacan, ese empuje tiene que ver con la repetición y con un peso que el sujeto ya no puede sostener por si mismo.

Ha fallado la función de equilibrio y velo calmo del fantasma, esta ruptura es la que permitirá una demanda hacia un verdadero cambio y no una rápida restitución homeostática como lo que ocurrió con el paciente relatado anteriormente.

Es en las entrevistas preliminares donde el analista puede apreciar si hay o no demanda de análisis.

Se transfiere al analista una suposición al saber, el analista encarna un saber asociado a la estructura del inconsciente, pero es un saber que se origina y consume.

El neurótico sufre por la inconsistencia del Otro, y empleará todo sus esfuerzos para “tapar” esa inconsistencia. El sujeto supuesto saber viene justamente a cumplir con esa función de ocultamiento de la inconsistencia del Otro.

El analizante le atribuye al analista una consistencia: Otro del saber, estableciéndose un vínculo entre: Saber y Goce.

Lacan plantea en el seminario XVII: “ese saber es medio de goce”.

La consistencia o inconsistencia del Otro permite pensar dos tipos posibles de interpretación en psicoanálisis:

La que opera asignando sentido y generando efectos de verdad, la que corresponde a Otro consistente, del cual proviene la significación.
Y la otra interpretación que se apoya en el Otro/en falta y tiene por objetivo alcanzar el objeto a: “Atañe a la causa del deseo”.

Todos conocemos los riesgos de la primera y entrar en un circuito de idealización que imposibilita cualquier acceso a la singularidad del objeto

Sin embargo también conocemos los riesgos de mantenernos SOLAMENTE en una interpretación-corte, y tratar de alcanzar quijotescamente y con exclusividad el objeto “a”.

Los desbarajustes iatrogénicos de mantener al sujeto en un sin sentido crónico han producido graves consecuencias clínicas y entonces el curandis desaparece para siempre.

En “Subversión del sujeto y dialéctica del sujeto” Lacan señala el valor de una interpretación que puede llegar a tener “una vacilación calculada de la neutralidad del analista”.

Esta sería diferente a las anteriores y por supuesto su efecto y el momento adecuado permitirían que el Otro encarnado en el analista, hable desde “la falla”. No funciona como la primera desde un lugar de saber consistente del saber pero tampoco solo con el silencio-corte.

La “vacilación calculada” no constituye de ninguna manera un consejo técnico, sino “un punto abierto sobre la cuestión del deseo de analista”

En este sentido el deseo del analista es un compromiso en el tratamiento psicoanalítico desde una posición de NO neutralidad. Esta interpretación que apunta a tocar lo real del goce, trata de ir más allá del inconsciente, más allá de las defensas que coagulan las posibilidades de cambio en las modalidades de goce del sujeto.

La interpretación que apunta a una verdad reprimida, se apoya en un supuesto saber de Otro consistente, y “neutral”.

La interpretación que tiene por objetivo al goce, lleva al analista a un lugar desde Otro inconsistente en una posición que va más allá de la neutralidad: un decir eficaz del análisis.

Característica “apofántica” comenta Lacan en LÉtourdit.

En tal sentido se dice que una proposición atributiva es apofántica cuando en la misma se afirma o se niega algo. Durante el siglo XX la apofántica fue particularmente estudiada por John Langshaw Austin y fue especialmente observada en la Teoría de los actos del habla, según Austin sólo las expresiones apofánticas tienen valor de juicios lógicos, las demás enunciaciones son retóricas.

La curación se logra en un mas allá de la retórica, y el deseo del analista está mas acá de la creatividad, de la poesía, y de la apuesta por un cambio creativo.

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